LA VERDADERA PARTIDA
LA VERDADERA PARTIDA Érase que se era un peón de ajedrez que, paso a paso, tras un desatado esfuerzo, alcanzó la octava fila. Allí, en aquel lugar privilegiado y seguro, empezó a dudar. Según las leyes ajedrecísticas, había alcanzado el mayor de los honores posibles: cambiar de estatus, obtener el poder más apreciado, después del Rey. Pero ahora no sabía si transformarse en Caballo, Alfil, Dama o Torre. El objetivo común de todos sus camaradas era ganar de forma elegante o contundente la batalla. Al parecer, no cabía otra alternativa sino recurrir a un minucioso análisis antes de tomar una decisión de la que dependía su destino y el de sus colores. Observó con interés la posición de las piezas en el tablero. Su mente dibujó cuatro o cinco escenarios finales, tal vez favorables. Desfilaron por su imaginación decenas de variantes, algunas absurdas y todas ellas insuficientes en comparación con el número casi infinito de movimientos posibles. ...